Sala de arte Agüimes | Tassio Mena
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TASIO MENA


Cuando entra en contacto con ella, Tasio abandona la periferia y se sumerge en el territorio al que se entrega con fruición. Quien piense que las horas diarias que en él pasa son instantes de soledad se confunde. Constituyen muy al contrario momentos de aprendizaje y de continuo diálogo con la Tierra. Ha aprendido a desentrañar los secretos que esta guarda, a escuchar las historias que le cuenta, a devolverle con respeto y amor el aprendizaje obtenido en tantas horas de comunión con ella.



Tasio Mena lleva su vida por una vereda periférica, desde la que observa lo que en su entorno acontece con mirada atenta y sin mostrar deseos mayores de sumergirse en él. Tiene en eso algo del outsider que prefiere alejarse de las convenciones sociales y ver desde el exterior cómo los demás se desenvuelven en ellas, reservándose en el teatro del mundo un palco para atender a un tiempo a la representación y al público que asiste a ella.

No por ello vive fuera del mundo. Tiene a sus seres queridos en la consideración que se merecen y nunca se echan en falta las palabras y actitudes afables y afectuosas. Pero su vida social se desarrolla especialmente en un espacio que el común de los mortales tiene más por adorno que por hábitat esencial: la Naturaleza.


Con ese mismo afán nacen de sus manos los objetos que crea. El resultado de su creación artística es obtenido con los mismos gestos con que da vida a los frutos de la tierra en que trabaja: los materiales son obtenidos de ella porque arte y naturaleza son para Tasio una misma cosa; la mirada con que escruta el nacimiento de un nuevo objeto es la que posa sobre la cosecha nacida de la tierra que él ha sembrado.
Tasio acaricia el barro y la madera como acaricia el verdor de los parajes isleños en que le gusta adentrarse, recreando en la imaginación los tiempos lejanos en que otros hombres y mujeres vivían libres en ellos.
Por eso su obra huele a Naturaleza y a Historia.

Antonio Lozano